La India ha cambiado mucho en estos últimos cinco años y el tipo de turismo que va, también. Es imposible encontrar sitios donde la gente saluda automáticamente al pasar o simplemente no apartan la mirada como si estuviésemos en el centro de cualquier ciudad de occidente. La gente de aquí se ha vuelto mucho más materialista. Los estragos causados por la cultura occidental y potenciados por la velocidad de la comunicación en Internet, las empresas de outsorcing en Bangalore y el fomento de la corrupción a nivel estatal han convertido éste país en decadente en lo que a cultura se refiere, mientras que va creciéndo y creciéndo económicamente.

Mis ganas de venir aquí se han saciado, así como mis planes de en un futuro posíblemente establecerme. Ya no quedan gurús que vayan enseñando por las calles como el que me encontré en Arambol y si alguno hubiese serían estafadores sólamente interesados en conseguir sacarle dinero a los turistas.

Lo bueno de todo ésto es que he podido aprender mucho, no sólamente de este país sinó de mí mismo. Sé sin duda alguna que todo lo que he aprendido me será de gran utilidad en el tédio del día a día, en el ritmo de la gran ciudad, sin embargo, nada me quitará la nostálgia de las maravillosas vacaciones que pasé hace cinco años cuando vine por primera vez y quedé encantado de la cultura local así como del turismo tán agradable que por aquel entonces recibía este lugar.

Tal vez sea que me estoy haciendo demasiado mayor para viajar sólo o tal vez séa sólamente que me estoy haciendo ya mayor. No obstante, como destino más con relativamente alta seguridad, paisajes de ensueño y sin tener que observar constantemente el siempre desagradable espectáculo del turismo sexual como pasa en Tailandia, es un lugar apacible donde pasar las vacaciones estando en pareja o bien con un grupo de amigos. No así lo recomendaría a los interesados en fiesta y raves, ya que la prohibición de música por las noches y los atentados frecuentes causan que la policía disperse en seguida los grupos numerosos de gente.

Yo de momento a no ser que haya alguna novedad, cierro las narraciones de este viaje. Me dedicaré a partir de ahora a acabar de eliminar las pocas ojeras que aún me quedan (gracias Atlas) y a leer el libro, que al final me he comprado, que narra la história de como un jóven emprendedor de clase muy humilde llega a convertirse en un gran empresario en Bangalore.

Espero que hayáis disfrutado leyendo el relato tánto como yo escribiendolo. Nos veremos muy pronto.

Un abrazo y hasta muy pronto.

Agonda es un sitio muy bonito, aunque un poco solitario, más bien demasiado solitario, de manera que voy a tener que aceptarlo e intentar aprovecharlo al máximo. El móbil de Magdalena tampoco funciona, ya que es Airtel también, y aquí no hay cobertura, con lo que si me la encuentro por aquí bien, y si no también.

En una pequeña meditación de esta mañana, he comprendido que la vida es otro sueño solo que algo más complejo y detallado que los sueños própiamente dichos (hasta aquí nada nuevo), pero que, y aquí viene lo nuevo, al igual que en los sueños todo lo que ocurre tiene un significado. Y no me refiero al misticismo de que todo tiene una razón de ser y un motivo, algo también bastante obvio si pensamos en el principio de “causa-efecto”, sinó más bien un significado al estilo de Freud, o sea, que las situaciones ocurridas en los sueños reflejan nuestro subconsciente y lo que nos pasa en “la vida real” refleja nuestro consciente y la gracia está, cual psicoanalistas própios, en descifrar ése significado y sacarle el jugo a cada situación y así entender un poco el porqué de ésta, lo cual nos hace aceptarla de una manera más positiva y abierta.

Sé que cuesta un poco de entender el concepto y que me explico bastante mal, pero son cosas muy difíciles de plasmar en palabras, así que si os interesa el tema, os invito a meditar.

No hay mucho más que contar, al menos por ahora, así que os dejo con las fotos.

Un abrazo y hasta la próxima.

La ida de Varkala ha sido rápida e indolora. Después de comer, una pequeña siesta, una duchita y ala, para el taxi. El taxista, como no, me ha llevado antes a una tienda de unos coleguillas suyos con la excusa de que le habían prometido que si llevaba diez clientes le regalaban una camisa. Como me ha visto en la cara que soy sensiblote me ha convencido con la misma facilidad con la que me he paseado por la tienda sin ninguna intención de comprar, ya que los précios eran carísimos.

He tenido mucha suerte y he llegado a tiempo a pesar de que pensaba que el tren salía 30 minutos más tarde de su salida real. El andén era el 1, el número de vagón estaba escrito en mi billete y en los paneles… todo ha ido sobre ruedas (o rieles, mejor dicho).

Había olvidado lo cutres y roñosos que son los trenes en la India, y eso que estoy en un tren de lujo, en teoría, ya que el précio es prohibitivo para la mayoría de hindúes. He hecho un par de fotos para que lo veáis, pero es imposible de captar con una cámara. Hay que vivirlo para verlo. Y creedme que no tiene nada que ver con la película “Darjeeling Express”, pero también tiene su mágia, no creáis. Dentro de poco pasará el “Chai Wallah” diciendo “chai chai chai chai chai, coffe, coffe”, nos han dado ya una botella de agua mineral, un juego de sábanas y una toalla. También han preguntado si la cena la querría vegetariana o no. Una pobre pareja de italianos, ya entrada en añitos, maldecían su suerte y rogaban al revisor que les cambiasen los asientos, que todo sea dicho, parecen los peores de todo el tren, no sólo por lo roñosos, sinò por lo mal conservados, aunque creo que éste se ha hecho el sueco (curioso para un hindú) y se han tenido que aplicar el mediterráneo concepto de ajo-y-agua, o sea, a joderse y aguantarse.

No he encontrado ningún tren que tuviese primera clase para el trayecto que quería realizar, así que no tengo un compartimento para mí sólo, y estoy en uno con 4 literas, el cual tendré que compartir, de momento, con una mujer que viaja con su hija hacia Goa también (dice que son de allí) y van a visitar a sus padres, como unas mini vacaciones. El marido trabaja en un hotel en Kovalam, Kerala y ella es agente de empleo. La verdad es que la compañía me tranquiliza bastante, ya que olvidé comprar cadenas y candado para el equipaje y estando en la litera de arriba me va a dar un poco de yuyu dormirme, de manera que he dejado la mochila debajo de la litera de abajo, al fondo, detrás de la guitarra, con la esperanza de que, al intentar sacarla, el “enteraíllo” que lo haga, cause el mayor ruido posible y así me alerte.

En estos momentos estoy entretenido escribiendo éstas palabras, pero agradezco mucho disponer del libro que compré en Varkala, que va de un joven emprendedor hindú que se hace rico en Bangalore y que explica lo mierda que es su país, lo cual en mi opinión denota cierta consciéncia y crítica social, un rasgo muy admirable para cualquier población del mundo.

La cena ha sido deliciosa. Primero una sopita de tomate con unos bastoncillos de pan, luego ya a saco, un estofado hindú, pollo en salsa y arroz, un par de chapatis (tortas de pan hindú) y un poco de mango confitado. Yogurt y un helado de postre. Vamos, que me he puesto las botas.

No tan estupendas eran las sábanas “salidas de la lavandería”, según los letreros de las bolsas que las contenían. De manera que para minimizar los riesgos de coger piojos, yo me he sacado mis dos pareitos de seda y me he hecho la cama con ellos, ala, con sábanas de seda, tú, ya me podéis llamar sibarita, ya. He tenido que usar la manta porque el aire acondicionado está a toda ostia. Es curioso como en los países cálidos y subdesarrollados, el aire acondicionado es símbolo de riqueza, ya que es imposible encontrar una segunda o primera clase sin él. Por otro lado, ésto también me da cierta ventaja, ya que al no desearlo en los hoteles y albergues los précios bajan casi a la mitad.

Y ésto es todo por hoy, un abrazo y hasta la próxima

Y se acabó kerala. Ya está. Ya lo he visto, sé lo que és y… bueno, es carísimo (para la India, claro). Así que esta tarde a las siete me subiré al tren en la estación de Thiruvanamthapuram (o Trivandrum, para los amigos) que me llevará hasta Margao (Goa). Y desde allí a Agonda, donde me espera lo que se supone otra playa de ensueño, llena de cocoteros, barquitos de pescadores y cabañas de bambú.

Para el tema de la fiesta lo tendré un poco más jodido, ya que parece ser que la policía se ha puesto las pilas con el tema de las raves. Así que ante la prohibición de poner música más allá de las once y média de la noche la respuesta de la gente ha sido, muy bien, hacemos la fiesta en silencio (lo que llaman una “Silent Party”), que viene a ser como unas doscientas personas endrogadas, borrachas o  las dos cosas a la vez, bailando cada uno a su rollo con la música de sus MP3, iPods o loquesea y auriculares. Así la poli, hasta que no saquen una ley contra hacer el ridículo, no podrá impedirlas, pero claro, con la clase política que tienen aquí también no creo que puedan sacar dicha ley.

Yo ya estoy un poquito mejor de la tripita aunque, para comprobar si voy a poder comer algo más que arroz hervido este mediodía, me estoy tomando uno de esos deliciosos capuccinos que sirven en el “Café del Mar”, así que veremos que tal el experimento (A lo mejor tengo que quedarme unos días más…). Si después de la comida de hoy (que creo que va ha ser copiosa, ya que ayer hice sólo una comida, de arroz hervido además, en todo el día) veo que no puedo aguantar dos horas sin ir al baño, creo que me quedaré hasta poder reservar otro billete, ya que si los baños de los hoteles y albergues parecen salidos de una película de terror no quiero contaros lo que son los de los trenes, ya que éstos podrían perfectamente ser usados como armas químicas, bacteriológicas y de destrucción masiva, todo en uno.

Dejo tras de mí una pareja británica muy curiosa a la par que encantadora. Ambos viven en Londres, ella se llama Rachel y trabaja como organizadora de conferéncias y eventos, guapísima, muy rubita y british ella, aunque creció en Mallorca. Él se llama Nikel y es de padres hindúes, trabaja como analista de riesgos financieros corporativos para créditos inmensos destinados a adquisiciones, fusiones y cosas así, aunque su sueño es ser un gran guitarrista (y la verdad es que el tío es un crack con la guitarra). Han quedado invitadísimos a Barcelona para quedarse en mi casa, así que es posible que los tenga pronto, tal vez en verano, ya que les he comentado que es cuando merece la pena visitar España, siendo como son también amantes del calorcito.

También he conocido un personaje muy interesante. Un ruso, gordaco que lo flipas, con el que he podido jugar al ajedrez un par de días y sorprendentemente, ganar un par de partidas (dice que ataco como un toro). El tío no paraba de beber y fumar porros y dice que la época más saludable de su vida fué cuando estuvo en la cárcel, en la que destinaba sus días a hacer deporte, comer sano y jugar al ajedrez. Es muy curioso el tono con el que decía ésto y su expresión, casi de nostálgia. Increible. No me hubiese sorprendido que fuese miembro de la mafia rusa. Su novia o mujer era un pivón ruso, guapísima y muy simpática también, aunque con un carácter que lo flipas, ya que cuando él la ignoraba por estar concentrado en las partidas le metía unas broncas que pa qué, acabando en una frase en ruso que casi se podía entender, algo así como “Cuando volvamos a la habitación te vas a enterar…”. Muy majos e interesantes ambos.

Y eso es todo, lo que mejor recuerdo, al menos. Espero que os haya resultado interesante.

Un abrazo y hasta la próxima.

Hoy no tengo extravagantes y exóticas histórias que contaros. Hoy sólamente voy a escribir algo sencillo pero, al menos para mí, precioso.

Ayer por la noche, cuando volvía del “Chill Out Lounge” a mi cabañita de bambú, había dos visitantes en el porche. Uno de ellos, una araña, que no voy a describiros porque no creo que sea relevante, a pesar de que era gorda la jodida, no así de las peludas al menos, que si no me veía durmiendo en la playa.

El segundo era una mariposa, preciosa, que revoloteaba alrededor de la bombilla. Hasta aquí todo normal, pues no me voy a emocionar cada vez que veo una jodida mariposa rodeado como estoy de jungla y natulaleza. Lo curioso es que el bichito, tan pronto como abrí la puerta se aposentó en la habitación, sin que hubiera manera de echarla, ni intentando asustarla, ni abriendo la puerta y apagando las luces… nada. Se posó en el techo, justo encima de la cama, donde pudiera verla bien y así maldormí anoche, ya que rompí la regla de oro de todo viajante a la India y me tomé un par de mojitos cargados de hielo… ya, sí, lo sé… pero mira, uno se confía y… pam. Diarrea al canto.

El bichito todavia estaba allí cuando volví esta tarde de tomarme una agüita con lima exprimida el “Café del Mar”, ésta vez en la pared y revoloteando la bombilla, incluso extendí la mano y se posó en ellla, dejándome acariciar sus alitas aterciopeladas. Le he echado una fotillo ya que hoy sí se ha prestado a ello, espero que se vea lo suficiéntemente clara.

También os dejo las últimas fotitos que saqué ayer cuando intenté perderme en la playa esa negra que en teoría estaba desierta. Pero que va, así que eché las fotos y volví.

Espero que os haya gustado el post.

Un abrazo y hasta la próxima.

Ayer me pasó algo increible. Y es que cuando estaba en el “Chill Out Lounge” siguiendo religiosamente mi tratamiento contra la malaria a base de gintonic, se me acercó una chica que me cogió de las manos y me dijo “Te conozco”, a lo cuál yo me quedé clavao, buscando en la base de recuerdos borrosos de mis noches de borrachera lagunosas con la esperanza al menos de que no le hubiese hecho nada que le hiciera continuar la frase con “… y te voy a dar lo que te mereces, pedazo de cabrón”.

Pero la frase la continuó con “tal vez fuese en otra vida, pero sé que te conozco”. Mientras decía todo ésto con los ojos como platos, atropellando las palabras que salían de una sonrisa máxima que me hicieron pensar “ésta tía va puestísima de éxtasis”, sonó una musiquita con campanitas de “Jackpot” en mi cabeza y pensé “ya he pillao, yuppiiiiii” ya que la tipa era un pivón, rusa y aproximadamente de mi edad. Pero no, fué mucho mejor que eso.

Ella siguió explicándome y me contó como había sido budista, y como dejó de serlo precisamente por los mismos motivos que no lo soy yo completamente y básicamente ésto és porque el budismo ya no tiene nada que ver con Buddha. Pues éste dijo que no había que buscar maestros más que en uno mismo, cosa que atrévete a decirselo a alguno de los monjes de alta gerarquía que viven del cuento, así como también dijo que no hay que ser demasiado estricto y severo con uno mismo para alcanzar la iluminación. Me pregunto qué le responderían los monjes que se machacan con palos durante las largas meditaciones de diez horas o más y se matan a ayunos, votos de silencios de meses y otros martirios. Sergi, si llegas a leer ésto, espero que comprendas así porqué no estoy de acuerdo con esos retiros de meditación bipasana que me comentaste.

Total, que estuvimos hablando de filosofía como unas tres horas y média, deteniéndonos muchísimo en algún que otro misticismo. Yo tenía mucho que preguntarle, ya que obviamente era una persona mucho más docta que yo en la matéria y tal y como ella misma me dijo, jugaba con ventaja al contar con la intuición femenina. De manera que aproveché para avasallarla con mis dudas y entonces surgió un concepto para mí desconocido, que era el de los bordes. No llegué a entenderlo muy bién pero básicamente se trata de algo así como identificar y conocer los límites o bordes de nuestra consciéncia, marcados por la ignoráncia y el miedo, que son los que nos dificultan seguir el camino más agradable y positivo de nuestro Karma.

Entre otras cosas, cabe destacar algo que me dió casi miedo y es que resulta que precisamente sus padres se separaron también cuando ella tenía cinco años, como los míos, y también se emancipó cuando tenía dieciséis, como yo. Para muchos de vosotros puede no ser más que una coincidéncia pero os aseguro de que es muy fuerte que te pase ésto observando un poco el contexto de nuestro encuentro.

Ella se iría a la mañana siguiente, camino a Cochin, en motocicleta y volvería el próximo martes, un par de horas después de que yo estuviese ya en el tren de camino, de manera que difícilmente volvamos a coincidir en la India. Pero fué un encuentro muy curioso que quería compartir con vosotros.

Un abrazo y hasta la próxima.

En la terraza de “Café del Mar”, con música étnica árabe, tibetana e hindú, escribo estas palabras.

Esta mañana he practicado el seguir mi Karma y me lancé a caminar sin ningún rumbo fijo, dejándome llevar por el viento, y he aprendido que es cierto que el miedo es la barrera que impide dejarse llevar, ya que, a pesar de que la naturaleza me ha obsequiado con un signo de que iba bién encaminado, un coco que tuve que abrir yo mismo, para así probar la leche de coco por primera vez, densa, espesa y tibia, tuve miedo de continuar hasta el camino que me llevaría a las escaleras que me conducirían de nuevo a la aldea de la cima del acantilado.  Y es por esta razón, por mi miedo a no encontrar la manera de subir, que acabé subiendo por una peligrosa y resbaladiza pendiente del barranco, apenas dos metros por detras de donde, más tarde descubrí, se encontraban las angostas, sin embargo seguras escaleras que me llevarían al mismo punto de destino.

¿Será así la vida? Decidir tomar el primer camino, aunque más angosto y peligroso, para luego darme cuenta que sólamente de haber tenido un poco más de fé en los pasos a donde me lleva el destino habría encontrado el camino seguro y más fácil.

Por esta vez, para esta parábola aprendí la lección y descubrí el camino para la próxima vez. Sin embargo, hay veces que en la vida la meta no se repite, y por lo tanto no tiene sentido haver visto el camino fácil, ofrecido por el destino, ya a punto de haber llegado al final.

Diría que la moraleja de todo ésto es que conformarse con lo que pensamos es lo que nos corresponde por nuestra situación y asumimos es el “menos malo” no es más que el fruto de nuestro miedo e impaciéncia y que el que aprende a dejarse llevar por su karma aprende a tomar los caminos seguros y sencillos, que aunque también angostos, nos ahorrarán el sufrimiento y riesgo del anterior y nos hará llegar a la meta que realmente deseamos. El momento de detenerse no es cuando estamos hartos de caminar sinò cuando se ha encontrado lo que se busca de una manera accesible y segura.

Y volviendo al mundo real, la suerte me ha vuelto a golpear de lleno en la cara. He encontrado, por el mismo précio que pagaba por la habitación, una cabaña de madera preciosa, de la cuál os dejo algunas fotos, con espacio para poner mis cosas, aunque sacrificando la mesita contra la pared para escribir con el ordenador, cosa que sin embargo, no me molesta en absoluto ya que prefiero escribir tomando un buén café en la terracita de éste local.

También he encontrado algo increíble para aquí, un sitio que queda habierto toda la noche. Es un restaurante que se llama “Chill Out” y que queda apartado del vorde del acantilado que da a la playa y se accede por un caminito hacia el interior.

Después de las doce, cierran el restaurante y bajan o paran la música y queda abierta la parte de atrás que consiste en unas mesitas bajas al estilo tailandés rodeadas de unos sofás a ran de suelo. Algunos locales se traen la guitarra y el djambé y aderezan un poco el ambiente con alguna canción de los Beatles o de Bob marley, al más puro estilo comuna hippye.

Le he echado un par de fotos que, aunque han quedado un poco oscuras por no querer usar el flash para no romper la atmósfera, creo que se verán un poquito y así podréis haceros una idea.

Un abrazo y hasta la próxima.

Antes de nada, perdón por la demora en la publicación. Esta mañana no funcionaba bién la wifi en el “café del mar”, donde tienen un razonablemente buen café, aunque ya os explicaré mañana sobre ésto.

*****

Y vine, y ví y me duché ¿No era así? ¿Qué mas dá?

Esto realmente es algo definitivamente más acogedor que Kovalam (si tienes menos de setenta años, claro). Los lugares de procedéncia de los turistas tienden a ser algo distintos también. He escuchado italianos, argentinos, seguro que también me encuentro algún epañolito… El ambiente es bastante como el de una comuna hippye, aunque sin perder el glamour, por favor, que unas gafas de sol “Dolce Gabana” quedan estupendas con las rastas, el macuto de tela y los bombachos… ¿Qué digo estupendas? D-I-V-I-N-A-S

Pero en fin, saliendo de donde he salido no me voy a quejar. En comparación, ésto és el paraiso. Parece como si todo el Raval en conjunto se hubiese puesto de acuerdo para coger el avión para llegar hasta aquí (lo siento por los rastudos de Gràcia, pero les faltan leerse unas cuantas “Vogues” para estar a la altura) y aposentarse para unas largas vacaciones.

Todavia no he salido de la habitación, llevo sólo el recorrido que he dado buscando una habitación más barata que la de quinientas rupias (unos siete euros y medio) que me recomendó Magdalena, la chica Polaca que conocí en Kovalam. Pero ya he visto las bastantes edificaciones de una sola planta o dos como mucho, muchas de ellas de madera o bambú y todas en la cima de un barrancazo de unos 80 metros, que hace la playa sólo accesible a pié (o a cuclillas, mejor dicho), como para saber que aquí es donde debo estar.

*****

Otra cosa interesantes es… que me he enamorado. Ha sido uno de esos amores a primera vista. Yo pasaba por delante de ella, casi, o no, mejor dicho como buscándola y entonces la ví, con sus pequeños ojos negros también fijos en mí. Creo que fué mútuo, porque inmediatamente ella se quedó completamente inmóvil, sin mover ni un bigote, con sus antenas y pinzas completamente extendidas sobre el hielo, rígidas, quietas. Y entonces lo supe, tenía que ser para mí. Le pregunté al tipo del restaurante que cuánto y me dijo que unas trescientas rupias (unos cuatro euros y medio), así que como no había comido al mediodía por el viaje, decidí que la acompañaran unas parientes suyas (para darle más morbo). Nuestro romance duró aproximadamente unos treinta minutos a causa de mi gran apetito y que ni siquiera apuré las pinzas y las patas dado que me entretuve antes con sus parientes, pero creedme lo que os digo que cuando acabé me sentí totalmente saciado.

No se si será porque en este sitio me encuentro realmente mucho más a gusto, o porque la noche era romántica, o po lo barata que me salió la cena, pero ha sido la langosta más deliciosa que he comido desde que llegué. Ésta vez, preparada sin ajo ni otros aderezos, sólamente a la plancha y creo que con un poco de mantequilla. Ni siquiera me enteré de cuando sonó el mobil en pleno “coito” (lo siento, Montse) porque creedme amigos míos, que aunque sé que ella no sintió absolutamente nada yo tuve un orgasmo con cada bocado.

Por lo demás, para no perder la costumbre de quejarme, la habitación donde estoy es extremadamente pequeña. No tengo ni nevera ni tampoco un armario donde poner mi ropa. Apenas una pequeña mesa donde escribo éstas palabras, un enchufe al lado de los interruptores y un baño (impoluto, eso sí) con la manguerita para lavarme el culete. Tampoco tengo vistas, ya que la terraza que tengo es compartida con la pareja de Italia que también ha llegado hoy. Incluso he tenido que poner el buddha y el incienso en la mesita de la terraza porque no cabía dentro de la habitación. Pero le tengo el ojo echado a unos bungalows de bambú que hay un poco más al fondo del paseo que tienen muy buena pinta y a pesar de que cuestan 4 euros más la noche, creo que para la escasa semana que me queda aquí merecerá la pena el gasto. No lo sé, mañana después de volver del cajero automático decidiré si me cambio o si sigo en ésta áustera habitación. De momento a descansar del día de hoy, que ha sido bastante largo y la noche anterior algo dura. Así que os dejo por hoy.

Un abrazo y hasta la próxima.

Hoy me he perdido.

Al salir del restaurante donde me he tomado el gintonic de después de comer, decidí meterme por las cayejuelas donde no ver a ningún viejales de cien quilos, rojo gamba, con el puto sombrerito safari de los cojones. Así que calle arriba, a la derecha, caminito, cuesta empinada, escaleritas, izquierda, derecha y… ¡bingo! ¡Perdido! Si hasta los locales son amables aquí y todo. Les sonríes y te saludan sin venderte nada o pedirte pasta, mola. He sacado algunas fotitos para que veais el cambio de lo que es la playa (¿de lloret?) y donde vive realmente la gente.

Espero que os gusten tanto como a mí me ha gustado vagar sin rumbo y sin tener ni puta idea de a donde me dirigía. Y creo también que viendo las dos últimas fotos y luego el resto, comprenderéis las ideas que me vienen, ya que con unas pocas rupias podría alargarme a una armería en un rickshaw y cargar la mochila con unos kilillos de dinamita, un par de uzis y un kalasnikov y hacerle un gran favor a este lugar (¿y a la humanidad?).

Os dejo con las fotos.

Un abrazo y hasta la próxima.

Actualización de última hora:

Se acabó, ésta es la última noche que paso aquí. No tengo porqué aguantar, pagando un pastón como estoy pagando por la habitación, que tenga que tenerle miedo al perro de la recepción, que siempre que paso a entregar o recoger la llave me gruñe y últimamente hasta se me tira. Sólamente su dueño es capaz de controlarlo y éste no siempre está. De manera que tengo que pasar el mal trago y joderme. Pues no. Finito. Mañana lo primero que haga será ir al cajero a sacar las cuatro mil ochocientas rupias que pagarán cuatro los días que he estado en esta mierda de pensión, infestada de hormigas, con un cuarto de baño más que precário y una ducha que por la presión del agua rivalizaría perfectamente con mi Nesspresso. (Al final han sido 6200, por el “impuesto de lujo”, juas, según ellos). Besadas las he pagado.

Como no hay mucho más que hacer por aquí, y mi pareo de seda estaba ya para hacer harapos, hoy me he dedicado a comprar. Los vendedores ambulantes, acostumbrados a los británicos con sus jodidas paunds, dan unos primeros précios exhorbitantes. Pero sabiendo que en españa se pueden comprar pareos (de algodón, eso sí) por dos euros, me niego rotúndamente a pagar más que eso por ellos aquí. De manera que, muy a pesar de que me cuesta sacarles la cara de enfado (fingida, seguro) consigo casi siempre sacarlos por entre 100 y 120 rupias cada uno. A mí en realidad me ayuda a pasar el rato y a ellos les da, no unas ganáncias iguales que con los otros guiris, pero fijo que más del doble de su valor aquí. Igualmente, a mí pareos de seda y gasa por menos de dos euros ya me sale bien y a ellos también, pues todos contentos.

Ayer conocí en el cibercafé una chica que tiene su novio en el hospital, por una enfermedad que parece de ciéncia ficción, pues resulta que por una infección estomacal que pilló en Delhi (como no), combinada con una predisposición genética algo extraña, tiene bloqueadas completamente las articulaciones y prácticamente no puede moverse, llevando meses así de recuperación. Hemos quedado en ir el miercoles a Varkala, que dice no tiene nada que ver con éste sitio y se parece mucho más a las playas de la India que conocí cuando vine la primera vez. También me comentó que ha ido hace poco a palolem, y que está muy cambiado, que lo único que hay es gente joven y mucha fiesta y música tecno (pobreta, no le diré que es justo lo que me apetece ahora ya que no quiero romperle la ilusión).

Yo de momento sigo arrastrando la faringitis que pillé en Bangalore y que mientras siga fumando me acompañará en las vacaciones un ratito. Sigo con mi dieta a base de marisco y la verdad me va fenomenal. Para la malaria, nada mejor que beber gintonics a punta pala y las ojeras ya empiezan a remitir gracias a las siestas de dos horas que me pego religiosamente. A ver si con un poco de suerte vuelvo a Barcelona sin ellas y queda así el contador a cero antes de volver a acumularlas a base de guárdias e intervenciones.

Otra nota curiosa es que, al estar la licorería más próxima a 3km he tenido que coger un rickshaw para comprar un poco de ron y vodka. Le pregunté al conductor si había algún templo budista cerca y me dijo que sí, de manera que acordamos en que me llevase mañana por la mañana temprano, a ver si rezo y medito un poco, que desde que he llegado a esta playa lo tengo bastante descuidado (también por, aunque parezca mentira, la falta de lugares apropiados para hacerlo).

Mañana os seguiré contando, os dejo unas cuantas fotitos.

Un abrazo y hasta la próxima.