Casa nueva, nuevo trabajo, gente nueva. Mucho cambio para Luis, que no tenia ni idea de sofisticaciones mas allá de las propias de su empleo y estas incluso fueron adquiridas mas que nada por la costumbre. Pasaba los dias aferrado a su mundo del pasado, buscando caras conocidas de camino al trabajo, en su casa, recordando, encerrado en un tiempo y un lugar que ya no eran los suyos.

Decidió en un nanosegundo que ya había llegado el momento en que tenia que aceptarlo. Dejar atrás los viejos hábitos, los recuerdos, los amigos, los momentos, por muy buenos que estos pudieran llegar a ser. Y paso todo esto en un momento concreto, exactamente cuando debía de ser. Allí en su ahora tan conocido nuevo salón, en ese país, exótico y extraño, con esos olores y gente tan poco familiar. Se armó de valor, cerro los ojos y le dijo adiós en silencio a todo aquello que había conocido.

Cerró la puerta echando la llave, como bien se había acostumbrado a raíz de tantos años de no convivencia y se abalanzó escaleras abajo rumbo a la calle como si lanzase al vacío frente a un profundo y oscuro foso, aunque el, irónicamente, sabia que iba directo hacia la luz. La luz de esas desconocidas calles, llenas de nuevas gentes y experiencias. Llevaba unos cómodos zapatos deportivos, chaqueta oscura de solapa, una camisa vieja y suave y unos pantalones tejanos todoterreno. Cuando salió por la puerta miro al cielo y respiró. Inspiró de pecho ese aire nuevo y extraño, esos ruidos tan poco familiares, esa gente desconocida y distante. Y entonces, atravesó el umbral y avanzó.

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