El ambiente de las fiestas trance es algo muy especial. No se parece en nada a la manada de “ligópteros” que frecuentan las discotecas y bares los fines de semana. En ellas se reúne gente de todo tipo y edades principalmente a drogarse y disfrutar de la buena música (aunque algo más a drogarse) y es por esto que se respira un ambiente de “sano” respeto y diversión al ritmo de la música trance que suele venir generalmente de manos de algún coleguita que a menudo tiende a ser el mismo que nos informó del evento.

Sin lugar a dudas, unos encuentros estupendos donde siempre que se sigan las normas no anunciadas pero intrínsecas del respeto y la tolerancia, es fácil conocer gente, bailar sin estrechuras y consumir substancias psico-activas si es que es de nuestro agrado.

Personalmente, al haber dejado muy atrás el consumo de cualquier droga dura, concentro mis energías en bailar sonriendo surfeando en “el trance”. Un estado inducido por la música del mismo nombre y que se asemeja mucho al trance en el que se puede entrar mediante la práctica de la meditación. No es de extrañar pues, que se puedan observar sujetos bailando con los ojos cerrados justo delante de la mesa del DJ o al lado de algún altavoz, completamente absortos y aparentemente al margen de lo que ocurre a su alrededor, incluso sin haber consumido más que un par de copas en toda la sesión.

Resumiendo, una experiencia fenomenal para cualquier persona amante de la música electrónica y que se deje, eso sí, los perjuicios en el armario con la ropa de ir a trabajar durante la semana.

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