La ida de Varkala ha sido rápida e indolora. Después de comer, una pequeña siesta, una duchita y ala, para el taxi. El taxista, como no, me ha llevado antes a una tienda de unos coleguillas suyos con la excusa de que le habían prometido que si llevaba diez clientes le regalaban una camisa. Como me ha visto en la cara que soy sensiblote me ha convencido con la misma facilidad con la que me he paseado por la tienda sin ninguna intención de comprar, ya que los précios eran carísimos.

He tenido mucha suerte y he llegado a tiempo a pesar de que pensaba que el tren salía 30 minutos más tarde de su salida real. El andén era el 1, el número de vagón estaba escrito en mi billete y en los paneles… todo ha ido sobre ruedas (o rieles, mejor dicho).

Había olvidado lo cutres y roñosos que son los trenes en la India, y eso que estoy en un tren de lujo, en teoría, ya que el précio es prohibitivo para la mayoría de hindúes. He hecho un par de fotos para que lo veáis, pero es imposible de captar con una cámara. Hay que vivirlo para verlo. Y creedme que no tiene nada que ver con la película “Darjeeling Express”, pero también tiene su mágia, no creáis. Dentro de poco pasará el “Chai Wallah” diciendo “chai chai chai chai chai, coffe, coffe”, nos han dado ya una botella de agua mineral, un juego de sábanas y una toalla. También han preguntado si la cena la querría vegetariana o no. Una pobre pareja de italianos, ya entrada en añitos, maldecían su suerte y rogaban al revisor que les cambiasen los asientos, que todo sea dicho, parecen los peores de todo el tren, no sólo por lo roñosos, sinò por lo mal conservados, aunque creo que éste se ha hecho el sueco (curioso para un hindú) y se han tenido que aplicar el mediterráneo concepto de ajo-y-agua, o sea, a joderse y aguantarse.

No he encontrado ningún tren que tuviese primera clase para el trayecto que quería realizar, así que no tengo un compartimento para mí sólo, y estoy en uno con 4 literas, el cual tendré que compartir, de momento, con una mujer que viaja con su hija hacia Goa también (dice que son de allí) y van a visitar a sus padres, como unas mini vacaciones. El marido trabaja en un hotel en Kovalam, Kerala y ella es agente de empleo. La verdad es que la compañía me tranquiliza bastante, ya que olvidé comprar cadenas y candado para el equipaje y estando en la litera de arriba me va a dar un poco de yuyu dormirme, de manera que he dejado la mochila debajo de la litera de abajo, al fondo, detrás de la guitarra, con la esperanza de que, al intentar sacarla, el “enteraíllo” que lo haga, cause el mayor ruido posible y así me alerte.

En estos momentos estoy entretenido escribiendo éstas palabras, pero agradezco mucho disponer del libro que compré en Varkala, que va de un joven emprendedor hindú que se hace rico en Bangalore y que explica lo mierda que es su país, lo cual en mi opinión denota cierta consciéncia y crítica social, un rasgo muy admirable para cualquier población del mundo.

La cena ha sido deliciosa. Primero una sopita de tomate con unos bastoncillos de pan, luego ya a saco, un estofado hindú, pollo en salsa y arroz, un par de chapatis (tortas de pan hindú) y un poco de mango confitado. Yogurt y un helado de postre. Vamos, que me he puesto las botas.

No tan estupendas eran las sábanas “salidas de la lavandería”, según los letreros de las bolsas que las contenían. De manera que para minimizar los riesgos de coger piojos, yo me he sacado mis dos pareitos de seda y me he hecho la cama con ellos, ala, con sábanas de seda, tú, ya me podéis llamar sibarita, ya. He tenido que usar la manta porque el aire acondicionado está a toda ostia. Es curioso como en los países cálidos y subdesarrollados, el aire acondicionado es símbolo de riqueza, ya que es imposible encontrar una segunda o primera clase sin él. Por otro lado, ésto también me da cierta ventaja, ya que al no desearlo en los hoteles y albergues los précios bajan casi a la mitad.

Y ésto es todo por hoy, un abrazo y hasta la próxima

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