Y se acabó kerala. Ya está. Ya lo he visto, sé lo que és y… bueno, es carísimo (para la India, claro). Así que esta tarde a las siete me subiré al tren en la estación de Thiruvanamthapuram (o Trivandrum, para los amigos) que me llevará hasta Margao (Goa). Y desde allí a Agonda, donde me espera lo que se supone otra playa de ensueño, llena de cocoteros, barquitos de pescadores y cabañas de bambú.

Para el tema de la fiesta lo tendré un poco más jodido, ya que parece ser que la policía se ha puesto las pilas con el tema de las raves. Así que ante la prohibición de poner música más allá de las once y média de la noche la respuesta de la gente ha sido, muy bien, hacemos la fiesta en silencio (lo que llaman una “Silent Party”), que viene a ser como unas doscientas personas endrogadas, borrachas o  las dos cosas a la vez, bailando cada uno a su rollo con la música de sus MP3, iPods o loquesea y auriculares. Así la poli, hasta que no saquen una ley contra hacer el ridículo, no podrá impedirlas, pero claro, con la clase política que tienen aquí también no creo que puedan sacar dicha ley.

Yo ya estoy un poquito mejor de la tripita aunque, para comprobar si voy a poder comer algo más que arroz hervido este mediodía, me estoy tomando uno de esos deliciosos capuccinos que sirven en el “Café del Mar”, así que veremos que tal el experimento (A lo mejor tengo que quedarme unos días más…). Si después de la comida de hoy (que creo que va ha ser copiosa, ya que ayer hice sólo una comida, de arroz hervido además, en todo el día) veo que no puedo aguantar dos horas sin ir al baño, creo que me quedaré hasta poder reservar otro billete, ya que si los baños de los hoteles y albergues parecen salidos de una película de terror no quiero contaros lo que son los de los trenes, ya que éstos podrían perfectamente ser usados como armas químicas, bacteriológicas y de destrucción masiva, todo en uno.

Dejo tras de mí una pareja británica muy curiosa a la par que encantadora. Ambos viven en Londres, ella se llama Rachel y trabaja como organizadora de conferéncias y eventos, guapísima, muy rubita y british ella, aunque creció en Mallorca. Él se llama Nikel y es de padres hindúes, trabaja como analista de riesgos financieros corporativos para créditos inmensos destinados a adquisiciones, fusiones y cosas así, aunque su sueño es ser un gran guitarrista (y la verdad es que el tío es un crack con la guitarra). Han quedado invitadísimos a Barcelona para quedarse en mi casa, así que es posible que los tenga pronto, tal vez en verano, ya que les he comentado que es cuando merece la pena visitar España, siendo como son también amantes del calorcito.

También he conocido un personaje muy interesante. Un ruso, gordaco que lo flipas, con el que he podido jugar al ajedrez un par de días y sorprendentemente, ganar un par de partidas (dice que ataco como un toro). El tío no paraba de beber y fumar porros y dice que la época más saludable de su vida fué cuando estuvo en la cárcel, en la que destinaba sus días a hacer deporte, comer sano y jugar al ajedrez. Es muy curioso el tono con el que decía ésto y su expresión, casi de nostálgia. Increible. No me hubiese sorprendido que fuese miembro de la mafia rusa. Su novia o mujer era un pivón ruso, guapísima y muy simpática también, aunque con un carácter que lo flipas, ya que cuando él la ignoraba por estar concentrado en las partidas le metía unas broncas que pa qué, acabando en una frase en ruso que casi se podía entender, algo así como “Cuando volvamos a la habitación te vas a enterar…”. Muy majos e interesantes ambos.

Y eso es todo, lo que mejor recuerdo, al menos. Espero que os haya resultado interesante.

Un abrazo y hasta la próxima.

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