Ayer me pasó algo increible. Y es que cuando estaba en el “Chill Out Lounge” siguiendo religiosamente mi tratamiento contra la malaria a base de gintonic, se me acercó una chica que me cogió de las manos y me dijo “Te conozco”, a lo cuál yo me quedé clavao, buscando en la base de recuerdos borrosos de mis noches de borrachera lagunosas con la esperanza al menos de que no le hubiese hecho nada que le hiciera continuar la frase con “… y te voy a dar lo que te mereces, pedazo de cabrón”.

Pero la frase la continuó con “tal vez fuese en otra vida, pero sé que te conozco”. Mientras decía todo ésto con los ojos como platos, atropellando las palabras que salían de una sonrisa máxima que me hicieron pensar “ésta tía va puestísima de éxtasis”, sonó una musiquita con campanitas de “Jackpot” en mi cabeza y pensé “ya he pillao, yuppiiiiii” ya que la tipa era un pivón, rusa y aproximadamente de mi edad. Pero no, fué mucho mejor que eso.

Ella siguió explicándome y me contó como había sido budista, y como dejó de serlo precisamente por los mismos motivos que no lo soy yo completamente y básicamente ésto és porque el budismo ya no tiene nada que ver con Buddha. Pues éste dijo que no había que buscar maestros más que en uno mismo, cosa que atrévete a decirselo a alguno de los monjes de alta gerarquía que viven del cuento, así como también dijo que no hay que ser demasiado estricto y severo con uno mismo para alcanzar la iluminación. Me pregunto qué le responderían los monjes que se machacan con palos durante las largas meditaciones de diez horas o más y se matan a ayunos, votos de silencios de meses y otros martirios. Sergi, si llegas a leer ésto, espero que comprendas así porqué no estoy de acuerdo con esos retiros de meditación bipasana que me comentaste.

Total, que estuvimos hablando de filosofía como unas tres horas y média, deteniéndonos muchísimo en algún que otro misticismo. Yo tenía mucho que preguntarle, ya que obviamente era una persona mucho más docta que yo en la matéria y tal y como ella misma me dijo, jugaba con ventaja al contar con la intuición femenina. De manera que aproveché para avasallarla con mis dudas y entonces surgió un concepto para mí desconocido, que era el de los bordes. No llegué a entenderlo muy bién pero básicamente se trata de algo así como identificar y conocer los límites o bordes de nuestra consciéncia, marcados por la ignoráncia y el miedo, que son los que nos dificultan seguir el camino más agradable y positivo de nuestro Karma.

Entre otras cosas, cabe destacar algo que me dió casi miedo y es que resulta que precisamente sus padres se separaron también cuando ella tenía cinco años, como los míos, y también se emancipó cuando tenía dieciséis, como yo. Para muchos de vosotros puede no ser más que una coincidéncia pero os aseguro de que es muy fuerte que te pase ésto observando un poco el contexto de nuestro encuentro.

Ella se iría a la mañana siguiente, camino a Cochin, en motocicleta y volvería el próximo martes, un par de horas después de que yo estuviese ya en el tren de camino, de manera que difícilmente volvamos a coincidir en la India. Pero fué un encuentro muy curioso que quería compartir con vosotros.

Un abrazo y hasta la próxima.

Comments are closed.