Hoy me he perdido.

Al salir del restaurante donde me he tomado el gintonic de después de comer, decidí meterme por las cayejuelas donde no ver a ningún viejales de cien quilos, rojo gamba, con el puto sombrerito safari de los cojones. Así que calle arriba, a la derecha, caminito, cuesta empinada, escaleritas, izquierda, derecha y… ¡bingo! ¡Perdido! Si hasta los locales son amables aquí y todo. Les sonríes y te saludan sin venderte nada o pedirte pasta, mola. He sacado algunas fotitos para que veais el cambio de lo que es la playa (¿de lloret?) y donde vive realmente la gente.

Espero que os gusten tanto como a mí me ha gustado vagar sin rumbo y sin tener ni puta idea de a donde me dirigía. Y creo también que viendo las dos últimas fotos y luego el resto, comprenderéis las ideas que me vienen, ya que con unas pocas rupias podría alargarme a una armería en un rickshaw y cargar la mochila con unos kilillos de dinamita, un par de uzis y un kalasnikov y hacerle un gran favor a este lugar (¿y a la humanidad?).

Os dejo con las fotos.

Un abrazo y hasta la próxima.

Actualización de última hora:

Se acabó, ésta es la última noche que paso aquí. No tengo porqué aguantar, pagando un pastón como estoy pagando por la habitación, que tenga que tenerle miedo al perro de la recepción, que siempre que paso a entregar o recoger la llave me gruñe y últimamente hasta se me tira. Sólamente su dueño es capaz de controlarlo y éste no siempre está. De manera que tengo que pasar el mal trago y joderme. Pues no. Finito. Mañana lo primero que haga será ir al cajero a sacar las cuatro mil ochocientas rupias que pagarán cuatro los días que he estado en esta mierda de pensión, infestada de hormigas, con un cuarto de baño más que precário y una ducha que por la presión del agua rivalizaría perfectamente con mi Nesspresso. (Al final han sido 6200, por el “impuesto de lujo”, juas, según ellos). Besadas las he pagado.

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