Como no hay mucho más que hacer por aquí, y mi pareo de seda estaba ya para hacer harapos, hoy me he dedicado a comprar. Los vendedores ambulantes, acostumbrados a los británicos con sus jodidas paunds, dan unos primeros précios exhorbitantes. Pero sabiendo que en españa se pueden comprar pareos (de algodón, eso sí) por dos euros, me niego rotúndamente a pagar más que eso por ellos aquí. De manera que, muy a pesar de que me cuesta sacarles la cara de enfado (fingida, seguro) consigo casi siempre sacarlos por entre 100 y 120 rupias cada uno. A mí en realidad me ayuda a pasar el rato y a ellos les da, no unas ganáncias iguales que con los otros guiris, pero fijo que más del doble de su valor aquí. Igualmente, a mí pareos de seda y gasa por menos de dos euros ya me sale bien y a ellos también, pues todos contentos.

Ayer conocí en el cibercafé una chica que tiene su novio en el hospital, por una enfermedad que parece de ciéncia ficción, pues resulta que por una infección estomacal que pilló en Delhi (como no), combinada con una predisposición genética algo extraña, tiene bloqueadas completamente las articulaciones y prácticamente no puede moverse, llevando meses así de recuperación. Hemos quedado en ir el miercoles a Varkala, que dice no tiene nada que ver con éste sitio y se parece mucho más a las playas de la India que conocí cuando vine la primera vez. También me comentó que ha ido hace poco a palolem, y que está muy cambiado, que lo único que hay es gente joven y mucha fiesta y música tecno (pobreta, no le diré que es justo lo que me apetece ahora ya que no quiero romperle la ilusión).

Yo de momento sigo arrastrando la faringitis que pillé en Bangalore y que mientras siga fumando me acompañará en las vacaciones un ratito. Sigo con mi dieta a base de marisco y la verdad me va fenomenal. Para la malaria, nada mejor que beber gintonics a punta pala y las ojeras ya empiezan a remitir gracias a las siestas de dos horas que me pego religiosamente. A ver si con un poco de suerte vuelvo a Barcelona sin ellas y queda así el contador a cero antes de volver a acumularlas a base de guárdias e intervenciones.

Otra nota curiosa es que, al estar la licorería más próxima a 3km he tenido que coger un rickshaw para comprar un poco de ron y vodka. Le pregunté al conductor si había algún templo budista cerca y me dijo que sí, de manera que acordamos en que me llevase mañana por la mañana temprano, a ver si rezo y medito un poco, que desde que he llegado a esta playa lo tengo bastante descuidado (también por, aunque parezca mentira, la falta de lugares apropiados para hacerlo).

Mañana os seguiré contando, os dejo unas cuantas fotitos.

Un abrazo y hasta la próxima.

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