Este sitio es muchísimo más relajado (o “Shanti”, como dicen aquí). No quiere decir que pueda confiar en nadie, para nada. Pero simplemente las cosas van a otro ritmo. Quizás demasiado tranquilo incluso. La mayoría de turismo es gente muy mayor y en casi todos los restaurantes la música la ponen muy bajita. Supongo que por exigéncias de la policía o de los clientes.

Parece ser que el sitio con langosta a seis euros es “el sitio”, porque en el resto ya empezaban con que si veinte euros el kilo, vamos, casi al mismo précio que en Tailandia (précio guiri total), así que les van a dar mucho por el bull al resto de restaurantes, y como hice en Bangalore cuando encontré el “Queens”, vendré cada día a éste, ya que pienso seguir una estricta dieta a base de marisco fresco, de la captura de cada día. Siento si a alguno/a os da envídia, pero joder, después de ser victima constante de intentonas de robos, secuestros y estafas várias, creo que me merezco un poquito de placer (qué diría Buddha si me leyese…).

Seguramente a partir de ahora escriba mucho menos, ya que por el ritmo apagado y tranquilo de esta zona son muchas menos las histórias que contar, así que me limitaré a echar muchas fotos e intentaré colgar algunas. Por el momento las de esta playa, con el Faro, que sé que le gustarán mucho a Laura. Y las demás, bueno, a ver si mañana me atrevo y alquilo una motillo y me decido a explorar un poco la zona, que dicen en la guia que hay unas playas semi desiertas por los alrededores que parecen salidas de un sueño.

Y, la verdad, tampoco es muy interesante lo que contar. Ésto parece un poco lloret, de hace veinte años, eso sí. Las escenas de los locales abordando a las guiris parecen salidas de una película de Alfredo Landa. En los restaurantes, el 99% de las veces te cuelan comida de ayer mezclada con la de hoy (y las esperas para tenerla en la mesa se hacen interminables, 1 hora de reloj para tener servida la cena). Es un poco como Tailandia pero con menos clase, tal vez por la menor influéncia de las culturas japonesas y chinas. Uno se plantea si el entorno ha sido condicionado por el tipo de turismo que viene, ya que el comportamiento de éstos (muy ligado a su origen, por mucho que me pese afirmar) es muy parecido al que tenían en Las Canarias. Y el hecho de que viajen tantas mujeres de avanzada edad sólas, ver cómo se comportan los locales con ellas, y ellas con ellos, me hacen pensar que también hay algo de turismo sexual femenino. Es una pena como se prostituyen lugares tan preciosos en pos del “progreso”.

Alguna vez se encuentra uno por la calle a algún hyppie cincuentón que tiene pinta de llevar aquí toda la vida, y la verdad es que a éstos se les reconocen porque brillan como estrellas, más que por su atuendo, por su simpatía y amabilidad. Me pregunto cómo deberá ser haver visto éste lugar cuando frente a la playa, tan bonita, no había un paseo baldosado como el de sitjes (os lo juro, mañana le echo unas fotos) y saber, que por haber abierto el camino al turismo convencional que ahora se aposenta se ha convertido en lo que és.

Mañana os seguiré contando.

Un abrazo y hasta la próxima.

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