Sentir el sonido (más bién, escándalo) de las olas desde la habitación es indescriptible. Tras dejar atrás la experiéncia de Bangalore he llegado a Kerala con una hora de retraso ya que el vuelo salía con éste. Por suerte, ya que habia pedido mi taxi con demasiada poca antelación y de no haber sido así no hubiese podido llegar a tiempo al aeropuerto.

La estáncia en Bangalore, me ha enseñado que la India ha cambiado mucho desde que vine la última vez y que por lo tanto no puedo confiar en los locales gratuitamente. De momento intentaré aprender a disfrutar de la soledad, aprender Yoga (el marido de la adorable pareja que regenta el hostal me ha comentado que mañana me llevará a una espécie de templo donde me enseñarán) y aprenderé a dar mi confianza poco a poco, asignatura que tengo desde siempre pendiente.

Hace caló, musho caló, y me encanta. Las noches frías y secas de Bangalore se han transformado en un calor y humedad que no conocemos en nuestra tierra, porque es que ni siquiera en verano he podido sentir en la piel esta fina capa mojada de calor axfixiante que envuelve y hace que incluso la ropa parezca recién salida de la lavadora. Aunque seguramente muchos guiris ahora mismo estarán con el ventilador a toda óstia (o el aire acondicionado, los más subnormales), yo he parado el mío para poder sentirlo mejor y así no enturbiar el hipnótico y rítmico compas de las olas rompiendo contra la playa.

Por el momento, lo que he podido ver es un pueblecito muy parecido a algunos que ví en la isla de Koh Thao, en Tailandia, con unas callecitas sinuosas y estrechas entre casitas muy bajas, que no obstruyen para nada la belleza natural del paisaje.

El baño de la habitación parece salido de la película “Saw”, pero supongo que es como todo, acostumbrarse. Por lo demás, la habitación está sorprendentemente limpia, los dueños son una parejita de ancianos que parecen muy agradables y a pesar del précio, 1200 rupias por noche, unos 20 euros, tiene una pinta estupenda.

El móbil parece ser que ya no funciona para llamadas internacionales. Espero que sirva al menos para recibirlas, aunque realmente no me preocupa demasiado, ya que lo compré para emergéncias y realizar operaciones logísticas locales.

Nada de todo ésto cambia el hecho de que, por el momento, mi próximo destino para las vacaciones será otro, pero ya que he decidido acabar el viaje como pensé voy a estrujarlo al máximo y sacarle todo el partido que me sea posible.

Ya sólo me queda decidir si dejarme algo de música para dormir o pararla para dejarme mecer por el sonido de las olas.

Mañana os seguiré contando.

Un abrazo y hasta la próxima.

Actualización de  última hora: He encontrado un restaurante donde sirven langosta por seis euros (400 rupias), creo que va a ser la comida oficial de éste lugar ^_^

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