Y San Juan y los petardos, la playa de la barceloneta, el olor a crema bronceadora por la calle, los turistas vermellón haciendo fotos. Me imagino esas tardes en una terraza viendo pasar el tiempo lentamente, disfrutando del olor del calor y el frío del húmedo vaso de tubo que contiene mi gin & tonic. El tacto del lino blanco.

Y es que con la llegada del calor, parece como si nuestra química hirviera y la parte racional que nos rige normalmente diera paso amablemente a los instintos después de su ligero letargo hibernal.

Abramos pues la caja de pandora de las emociones y equilibremos la balanza, que es ya muy difícil sentirse humano con tanto vaivén al trabajo, tanta crisis y tanta propaganda desesperanzadora.

A disfrutar!

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